a

Soluciones de madera para la construcción.

Blog

construcción de madera

La aventura

Esta hecho de abarco este círculo que tengo enfrente a mi, como antes estuvo hecho de puy o de pino, de roble o cedro, de amarillo o de virola, de guayacán o caoba, de cientos de especies con nombres y colores y largos y sabores y secciones y texturas y durezas diferentes, maderos que he trabajado en patios industriales o en claros en la selva, en poblados ignorados aún por los mapas actuales o, algunas veces, como antes no creí que pudiera ser así, sobre la cubierta de un planchón que remonta ríos en regiones donde han crecido árboles inmensos, ahora ya maduros, que se deben aprovechar para la salud de la selva. Si para otros la vida es una aventura de la imaginación, y pueden ser felices, como no para mí, para quien la vida es la aventura de vivir sus días, un hombre de trabajo. He dibujado de nuevo un círculo, me lo he representado, le he supuesto, y comienzo a dividirlo, como parte de un juego geométrico muy antiguo. Hay un centro, como punto de referencia, está el perímetro curvo de su circunferencia, líneas que le cruzan como diámetros o secantes o flechas; al igual que son infinitos los puntos de una línea, existen ejes innumerables que se podrían proyectar siguiendo el curso inconfundible de los radios. En su plano encierra triángulos, rectángulos, polígonos de caras incontables, caben en él, si nuestro boceto se grafica cuidadosamente, áreas de cuartones o sectores, semicírculos. Hay un cono, conformado por una parábola natural, que gira, hasta encontrarse a sí misma, y en su interior, delimitado, un cilindro. Le dibujo, y mi memoria recopila los bosquejos que he repetido a lo largo de mi vida en el aserrío, con perfiles diferentes.

Más ojalá mi problema hubiese sido estrictamente matemático, saber en cuántas secciones preferenciales, aumentadas en el grosor de la cinta, podría dividirse el cuadrado inscrito en el circulo imperfecto que se traza en el fuste de un árbol listo para su aserrado, en cuántas, de menor grosor, podría seccionarse cada uno de los fragmentos que obtenemos de sus lados, con cuántos tablones o vigas o viguetas podría aprovecharse el duramen, con cuántas tablas o listones o tablillas las costaneras, para cuántos dos por cuatro, dos por seis, dos por ocho, dos por diez, dos por doce, alcanza el tejido central que conforma el bloque que aserramos, para cuántos uno por cuatro, uno por seis, uno por ocho, uno por diez, uno por doce, el segmento irregular que se determina entre la cuerda y el arco. Ojalá mi preocupación tuviera solo que ver con “la diversidad de variables anatómicas y mecánicas”, o “con un rango de densidades”, con “la dificultad de hallar la velocidad de las sierras, de sortear sustancias corrosivas o extractos que dificultan el proceso”, con definir “el ángulo de ataque de los dientes”; ojalá el enigma a resolver fuese simplemente “la trabajabilidad en sí”, valorar una y otra vez “la existencia de radios leñosos y anillos de crecimiento que tienen un comportamiento impredecible en el proceso”, tratar de reducir “los defectos debidos al secado”; ojalá mis dudas, mis dilemas, se limitaran a controlar “las distorsiones por concentración de esfuerzos”, a realizar el aserrado “liberando progresivamente las tensiones presentes en el árbol”; ojalá fuese cuestión únicamente del quehacer, actuando de inmediato, “ante la presencia de nudos grandes, o de un corazón podrido, de una curvatura mayor en alguno de los rollos”, ojalá fuese exclusivamente decidir el tipo de corte, bien sea “tangente a los anillos de crecimiento, el corte tangencial”, ya sea “perpendicular a ellos, siguiendo la dirección de los radios, el corte radial” o, en su defecto, “siguiendo una dirección arbitraria, el corte oblicuo o intermedio”, ojalá fuese encontrar “un sistema de medición que se encargue de colocar el tronco en la posición idónea para su corte con la sierra”.

 Mi problema mayor, el acertijo que me atarea, que me inquieta, aparte ahora de los que cada día he tenido para hacerme útil en mi oficio, es el de alimentar toda una información de secretos de selva a un programa informático, encontrar la “secuencia de instrucciones que guie sus tareas” definir “datos, códigos, algoritmos”, convertir mi experiencia en un “lenguaje de programación, en un archivo ejecutable, en la multitarea que una unidad central de procesamiento” utilizará, en el futuro, y con la ayuda de un escáner, uno diferente a los actuales, que no lea solo la geometría sino también el programa que la naturaleza ha dado a cada especie para su existencia; mi problema mayor es recopilar, reunir, sintetizar, de manera acertada y conveniente, el oficio que muchos como yo hemos inventado desde hace ciento diez siglos, desde cuando comenzamos a producir piezas de madera y a utilizarlas, transformándolas en objetos prácticos, desde cuando comenzamos a fabricar herramientas compuestas y utilizamos pedazos de pedernal de borde cortante, clavados a un trozo madera, para fabricar nuestra primeras sierras”.

No Comments
Post a Comment